sábado, 25 de julio de 2009

El día fuera del tiempo

Los Mayas y el día fuera del tiempo...

Hoy 25 de julio es llamado por estudiosos de algunos de los calendarios utilizados por los antiguos mayas, " el día fuera del tiempo".
Para muchas personas es un día para agradecer y alabar todo lo que tenemos, nuestra tierra, nuestras aguas, por el año que termina y para disponerse a comenzar el próximo mañana.
Muchos seres humanos se reúnen a meditar por el planeta, la paz, el bien...
Para mí es un interesante día de reflexión acerca de las distancias que hemos tomado entre el uso del calendario gregoriano y los antiguos calendarios agrícolas y astronómicos que nos han legado tantas culturas ancestrales...
Nos hemos distanciado de nuestra tierra, de nuestro devenir cósmico, de nuestro pasado y futuro; pero también a cada paso que damos nos hemos alejado más de cada hermano de esta tierra, de cada ser vivo que nos sorprende por su lucha para sobrevivir ante tanta adversidad..
Nos hemos alejado tanto del Cristo que vino a la Tierra con su mensaje... de San Francisco y Santa Clara, y de tantos profetas que han traído la verdad para ser escuchada y encarnada.
Démoslo a la Madre Tierra lo que es de ella y a Padre Dios la creación, comulguemos como Cristo comulgó y seamos Hermanos en esta maravillosa Creación.
Que así sea.

El susurro del viento

El susurro del viento

Entre los árboles susurraba el viento, iban llegando a mis oídos historias de otros tiempos, de todos los tiempos, sin tiempo...
La brisa entre las plateadas hojas dejaba entrever multiplicidad de colores y formas, las que sumadas a las melodiosas odas me envolvían en el todo mayor.
Maravillosa experiencia de caricia y complicidad, de trasmisión y recepción, de sabiduría tan bien guardada y atesorada, que sólo en pequeños instantes puede ser revelada a nuestras vidas cotidianas.
Aprender de sus vivencias colectivas, aprender del tiempo transcurrido en esta tierra, es casi un milagro.
La fortaleza de estar allí, a pesar de tiempo y tempestades, de buena y mala gente, de fuegos y demonios, de torrentes y estremecimientos, me premite preguntarme: ¿qué poco he apredido de ellos, mis hermanos árboles?
Dios me de sabiduría, escucha y discernimiento, para recibir de estos grandes planetarios lo que mi ser necesita y busca.
Que así sea.