Entre los árboles susurraba el viento, iban llegando a mis oídos historias de otros tiempos, de todos los tiempos, sin tiempo...
La brisa entre las plateadas hojas dejaba entrever multiplicidad de colores y formas, las que sumadas a las melodiosas odas me envolvían en el todo mayor.
Maravillosa experiencia de caricia y complicidad, de trasmisión y recepción, de sabiduría tan bien guardada y atesorada, que sólo en pequeños instantes puede ser revelada a nuestras vidas cotidianas.
Aprender de sus vivencias colectivas, aprender del tiempo transcurrido en esta tierra, es casi un milagro.
La fortaleza de estar allí, a pesar de tiempo y tempestades, de buena y mala gente, de fuegos y demonios, de torrentes y estremecimientos, me premite preguntarme: ¿qué poco he apredido de ellos, mis hermanos árboles?
Dios me de sabiduría, escucha y discernimiento, para recibir de estos grandes planetarios lo que mi ser necesita y busca.
Que así sea.
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